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Concepto y contextualización

La historia nos sitúa en mayo de 1970 en Yungay, una preciosa ciudad colonial al pie de la Cordillera Negra, al noroeste de Perú. Su emplazamiento privilegiado permitía disfrutar del nevado Huascarán desde cualquier punto de la ciudad, pudiendo disfrutar de su hermosura. Así recibió la ciudad el nombre de Yungay Hermosura.

 

Yungay era una ciudad progresista y llena de vida, con un comercio rico y activo. Los domingos eran los días de más afluencia ya que acudía gente de todas las partes del Callejón de Huaylas para comprar y vender bienes de todo tipo, desde maíz hasta productos artesanales. Por aquel entonces se respiraba alegría por todos los rincones.

El Mundial de Fútbol de México estaba a punto de comenzar, la gente estaba eufórica por el debut de Perú después de 40 años sin clasificarse para el mundial; y el circo Berolina acababa de llegar a la ciudad, llenando las paredes de carteles y las calles de risas y gritos.

Sin embargo, la tragedia era inminente. El domingo 31 de mayo de 1970, a las 15:23 de la tarde, un terremoto de magnitud 7’8 sacudió el departamento de Áncash, haciendo que se desprendiera un enorme bloque de hielo del pico norte del Huascarán que inmediatamente se precipitó sobre el Callejón de Huaylas. La ciudad de Yungay y otras poblaciones de la zona quedaron completamente sepultadas en cuestión de minutos, y con ella se perdieron las vidas de cerca de 25.000 personas.

 

La historia de Yungay nos llega a través del testimonio del padre de la directora del proyecto, uno de los cerca de 400 supervivientes que consiguieron ponerse a salvo en el cementerio, el circo y los alrededores de la ciudad.

“Cuando tuve la idea de realizar el pitch sobre lo sucedido en Yungay, primero le pregunté a mi padre si le parecía bien hablar de ello, él aceptó.

 

Estaba emocionada de poder hablar de uno de los sucesos más cercanos de mi familia, de esa cultura que es también parte de mí. Con este proyecto he ido investigando más sobre mis orígenes, e interesándome por la cultura peruana. Una de las cosas que más me gustan de este proyecto, es que la memoria y los recuerdos de Yungay serán recordados y homenajeados gracias a este cortometraje que estamos realizando.

 

Doy las gracias a mi equipo por acompañarme en este viaje de descubrimiento, sin ellos no sería posible todo este trabajo.

 

La idea del pitch era contar la historia real de lo sucedido en Yungay, y a su vez relatar la historia del protagonista y su perro, que sería un reflejo del testimonio de mi padre. Hice visible las premoniciones que tenía mi padre por las noches en forma de ancestros, un elemento cercano al realismo mágico, para poder explicar las sensaciones que sintió, en este caso vistas por el perro del protagonista.

La idea que yo tenía para el corto era más larga, cuando trabajas con material real, dan ganas de poner todo en la historia, sin saltar nada del testimonio, pero es imposible hacer eso.

La estructura central se mantuvo, un niño y su perro siendo advertidos por una fuerza sobrenatural y enfrentándose a la catástrofe. Hubo un momento en el que incorporamos a la trilogía andina, para que fueran ellos los ancestros guía, pero desechamos la idea porque podría ser “apropiación cultural” después de consultar con mi padre (similar a representar a España con toros y paella).

Desde ese momento fortalecimos y dimos forma a la idea original, añadiendo el circo como un elemento a referenciar en el corto porque, aunque no estuviera en el testimonio de mi padre, también queríamos homenajear a los niños que se salvaron en él. Poco a poco fuimos trabajando en la historia, terminando de perfilar y cortar los distintos aspectos del guion, hasta dar con la animática final. “

 

 

 

 

- Marisa Bedoya, Directora de Yungay

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